Hacia las plataformas de música
El pasado 19 de mayo publiqué mi segundo sencillo, ¡Truena!, el cual quedó disponible ese mismo día. Cuando uno se toma el tiempo de crear algo, en primer lugar lo hace para uno mismo, y la idea de compartirlo con el resto del mundo puede sentirse lejana, sobre todo cuando al inicio solo se cuenta con una idea y una guitarra acústica. A diferencia del resto de canciones que he compuesto, ¡Truena! tuvo una trayectoria distinta: a pesar de no estar en un grupo musical ni tener acceso a un estudio de grabación, pude completar la producción y publicarla en Spotify y demás plataformas de música.
La soledad acústica y el reto de empezar
Seguramente, cuando se está en una banda, todo el proceso de producción, presentaciones y grabación es más fácil, pero no tanto cuando se trabaja en solitario. Para alguien que está fuera de ese entorno, saber por dónde empezar puede convertirse en una gran barrera. Por supuesto que existen espacios conocidos por todos, como YouTube o las redes sociales, pero aunque representan un buen primer paso, no son necesariamente los canales que llevan a la producción final de la música.
Como todo, para mí la creación de canciones empieza con una idea. Esta puede surgir al jugar con acordes en la guitarra o a partir de melodías que vienen a la mente. Ese inicio da la pauta para desarrollar el tema. Aun así, el desarrollo tiene sus límites cuando solo se cuenta con una guitarra acústica. Una alternativa es grabar la canción por pistas: la voz, la guitarra base y una segunda o tercera guitarra de acompañamiento. Con una aplicación de edición se puede estructurar el tema, lo cual brinda un panorama más claro, aunque todavía distante de la versión final.
El estudio de grabación en una laptop
Este fue mi escenario entre 2007 y 2010: grababa lo que podía y, con una aplicación de edición de audio, separaba todo en pistas para montar los temas. Este proceso requería aprender a aplicar efectos y normalizar audios, buscando una mezcla final con un buen balance entre todas las pistas involucradas.
Hoy en día, las cosas son muy diferentes (y para bien). Sigue siendo valioso adentrarse en la edición de audio por pistas para ser preciso con los efectos y la nivelación. Sin embargo, la gran ventaja actual es que, con una laptop, ya es posible añadir todos los instrumentos que uno imagine para una canción. Si a esto le sumamos la ayuda de la inteligencia artificial, no estar en una banda deja de ser una limitación. Lo que verdaderamente importa hoy es tener la idea; todo lo demás se puede resolver de forma virtual, sin las barreras del pasado.
En la práctica, uno asume todos los roles necesarios para llevar el tema desde su origen hasta las plataformas de música. El viaje empieza como letrista y compositor, materializando la idea en lo que yo llamo una maqueta, que contiene la melodía y la estructura básica de acordes. Después, toca asumir el papel de los miembros de la banda (baterista, bajista, guitarristas) y del productor para transformar esa maqueta en demos.
Una parte importante de este proceso consiste en experimentar con diferentes estilos e instrumentos. Mientras que el rol de los músicos virtuales puede durar poco, es en el papel de productor donde uno pasa más tiempo, explorando variantes y analizando los distintos demos de una misma canción. Eventualmente, se pasa al rol de editor para rescatar lo mejor de cada demo y dar forma a la versión final. En esta etapa se generan las pistas definitivas, se recortan segmentos, se quitan o añaden elementos y se ajustan los instrumentos, efectos y sonidos.
Una vez definida la estructura, sigue el rol de ingeniero de mezcla. Aquí se debe prestar especial atención a los niveles de volumen de cada instrumento, sonido, coros y la voz principal. Es muy útil tener, al menos, una noción general de cómo se distribuyen las frecuencias para saber, por ejemplo, cómo dar espacio al bajo frente a los solos de guitarra.
Finalmente, queda la masterización de la mezcla para asegurar que el audio final tenga el volumen y la calidad competitiva que exigen las plataformas actuales.
Todas estas etapas forman parte de un gran aprendizaje: lo que empezó como una simple idea se convierte en un proceso multifacético. Lo valioso es que hoy en día, este camino está al alcance de cualquiera. Solo hace falta una idea inicial y dar el primer paso para descubrir el resto.
De una letra olvidada a un tema de rock: El origen de Truena
Con la confirmación del lanzamiento de mi primer sencillo, Te Amo, comencé a preparar las demás canciones que tenía compuestas. De ese ejercicio surgieron claros candidatos para los siguientes sencillos de este año, los cuales abrirán el camino hacia mi primer álbum en la primavera de 2027. Lo curioso es que Truena no formaba parte del plan original.
Mientras definía los detalles de producción para el álbum, se me ocurrió revisar mis notas de antaño para ver qué letras habían quedado como intentos fallidos. Entre unas cuantas letras que no me convencían, encontré Truena. En aquella época de búsquedas no solía grabar audios de todo, y este fue uno de esos casos; aun así, conservaba la letra y la progresión de acordes inicial.
Una vez desempolvada y elegida la canción, me dediqué a generar unos cuantos demos. Casi de inmediato se hizo evidente su potencial como un tema de rock. A partir de ahí, fue un proceso de revisar demos e identificar los elementos que aportarían a la versión final. Al entrar en la etapa de postproducción, ya contaba con una estructura sólida; solo quedaba pulir detalles, destacar ciertos pasajes instrumentales que elevaban la intensidad y aprender a balancear los niveles de volumen.
Algo que me gusta de este segundo sencillo es que puede interpretarse tanto de forma literal como metafórica. Puede referirse al momento en que uno “truena” físicamente ante la presión, o bien al estallido que rompe con viejas formas de pensar y ver las cosas. Como siempre, el oyente tiene la libertad de darle su propio significado y, a mi parecer, eso es lo mejor que una canción puede ofrecer.
Truena
Empieza a suceder.
Una ligera vibración.
Un mareo, desequilibrio.
Dile excitación.
No preguntes más.
No entenderás.
Te mueve. Te mueve,
mueve, mueve.
¡Truena!
Explota todo en ti.
Cimbra el pensar,
sin poder resistir.
Déjate caer.
No lo pienses más.
Derrúmbate hacia mi.
¡Truena!
Delibera lo que quieras.
Es más lo que mareas.
Te tienes que soltar.
Déjate fluir y luego diluir.
Es todo penetración.
Te mueve.
Te mueve.
Mueve.
Mueve.
¡Truena!
(Explota todo en ti)
¡Truena!
(Sin poder resistir)
¡Truena!
(Derrúmbate hacia mi)
¡Truena!
¡Truena!
¡Truena!
Hacer tronar nuestras propias barreras
La historia detrás de ¡Truena! no es compleja, pero sí refleja el momento que vivimos los apasionados de la creatividad. Las barreras del pasado, donde los procesos de producción y publicación estaban reservados para unos cuantos, han quedado atrás.
¡Truena! demuestra que, aunque suene a cliché, a veces las principales limitaciones están en nuestra propia mente. Con esto no pretendo restar valor al trabajo y la trayectoria de los profesionales de la música; mi intención es alentar a quienes tienen ideas guardadas y no se atreven a materializarlas por sentir que les faltan recursos.
Quizás el recordatorio de esta canción sea precisamente ese: hacer tronar las barreras que nosotros mismos nos hemos impuesto.
