El Constructivismo y la Educación en Línea: mucho más que solo “dar el link”

¿Sustitución o transferencia?

Al observar la oferta educativa en la red, es fácil notar que existe una confusión común entre lo que significa estar en línea y lo que implica realmente enseñar en línea. A menudo se piensa que hemos cumplido con la labor del docente al sustituir el aula por una videollamada, el libro de texto por un PDF, la interacción social con algunos colores y foros; sin embargo, el aprendizaje no ocurre por el simple cambio de formato, sino por la intención que le damos a la interacción digital.

Así, estar en línea no es lo mismo que enseñar en línea. Esto nos lleva a entender que el estudiante no “construye” conocimiento solo porque le proveemos recursos digitales y lo dejamos a su suerte. El constructivismo no es una invitación a que el docente desaparezca, sino a que su presencia se transforme.

Los tres sabores del constructivismo

Para entender hacia dónde debemos mover nuestra práctica, vale la pena recuperar tres matices de esta teoría que a menudo se pierden en las definiciones de diccionario:

  • Constructivismo Exógeno: Aquí el énfasis está en la reconstrucción del mundo externo. Como docentes, nuestra responsabilidad es asegurar que la información sea precisa y esté bien estructurada. Somos quienes seleccionan y organizan el contenido para que el proceso de “procesamiento” sea viable.
  • Constructivismo Endógeno: Se centra en las estructuras internas del alumno. El aprendizaje ocurre cuando el estudiante logra abstraer y relacionar lo nuevo con lo que ya sabe. Nuestro rol es crear esos puentes cognitivos.
  • Constructivismo Dialéctico: Basado en la interacción social. El conocimiento es el resultado del intercambio. En lo digital, esto se traduce en facilitar foros, wikis y espacios de colaboración donde el aprendizaje sucede entre pares, guiados por un andamiaje sólido.

El docente como arquitecto y recurso

Si logramos integrar estos enfoques, el entorno cambia. El docente deja de ser la fuente única y absoluta de verdad para convertirse en un recurso más dentro del ecosistema del alumno. Estamos al mismo nivel de utilidad que un buscador o un repositorio de videos, pero con una ventaja evolutiva: tenemos la capacidad de guiar, facilitar y, sobre todo, provocar esa curiosidad necesaria para “desaprender” lo que ya no sirve.

Es una responsabilidad compartida. Si nosotros, como docentes, no generamos el entorno adecuado con la estructura y los apoyos necesarios (el famoso andamiaje), el estudiante difícilmente pasará de ser un consumidor pasivo a un productor de contenidos.

Para aterrizar estos conceptos, imaginemos una situación común de cualquier curso en línea. Digamos que el tema es “Estrategias de Comprensión Lectora“.

La trampa común del constructivismo

En este ejemplo, el docente sube tres artículos en PDF a la plataforma, añade un video de YouTube y abre un foro con la instrucción: “Lean los textos, vean el video y comenten qué les pareció. Recuerden que ustedes construyen su propio conocimiento”.

Acto seguido, el estudiante entra al foro y se encuentra con un vacío pedagógico. Al no haber una guía clara ni un propósito definido, los comentarios suelen ser superficiales: “Me gustó mucho el video” o “Estoy de acuerdo con el compañero”. El interés se pierde rápidamente porque el alumno siente que está trabajando solo, sin un norte. Aquí el constructivismo se usa como una excusa para la ausencia docente.

El escenario intencional (Aplicando los sabores)

Ahora, tomemos el mismo tema pero bajo una aplicación intencional de los sabores del constructivismo:

  1. Enfoque Exógeno: El docente no solo sube los PDF; presenta una guía de lectura que destaca los conceptos clave. Organiza la información de tal manera que el mundo externo (el contenido) sea comprensible y estructurado para el alumno.
  2. Enfoque Endógeno: En lugar de preguntar “qué les pareció”, el docente lanza un reto: “Relaciona una de estas estrategias con un problema que hayas tenido al leer esta semana”. Esto obliga al estudiante a mirar sus propias estructuras internas y conectar lo nuevo con su experiencia previa.
  3. Enfoque Dialéctico: El foro se convierte en un taller. El docente interviene para andamiar, rescatando una idea de un alumno para que otro la complemente: “Lo que menciona María sobre la síntesis se conecta con el video que vimos; ¿cómo creen que esto cambiaría si el texto fuera técnico?”.

En este segundo escenario, la experiencia de aprendizaje es radicalmente distinta. El estudiante no solo “está” en la plataforma; está procesando, vinculando y colaborando. El interés se mantiene porque hay una estructura que sostiene el esfuerzo.

Perder el miedo a los botones

Considero que para muchos docentes, profesores y educadores esta migración ha sido un proceso de “picar piedra”. La gran mayoría, seguramente, no somos nativos digitales y hemos tenido que aprender a mover menús y a perder el miedo a presionar botones. Por el contrario, quienes sí lo son, también han tenido que llevar una nueva experiencia de aprendizaje al saber plantear instrucciones y escenarios de aprendizaje en espacios virtuales. Por igual, el constructivismo en línea nos enseña que no necesitamos ser expertos tecnológicos, sino diseñadores de experiencias.