¿Por qué aprendes?
“Para superarme” o “para ganar más dinero” seguramente serán algunas de las respuestas más populares si lanzamos la pregunta al aire. Y aunque algo de verdad expresan, la realidad es que rara vez reflejan un verdadero ejercicio de reflexión personal que sustente el esfuerzo. En términos más sencillos: superarse o buscar un mejor salario no suelen ser razones suficientes para mantenerse motivado durante las noches de aprendizaje independiente, cuando el cansancio pesa más que la promesa de un cheque.
Para dar una respuesta válida a esta pregunta guía, uno necesita un breve ejercicio de introspección para identificar el verdadero porqué. En esta búsqueda, hay que ser pragmáticos e identificar actividades concretas que obtendrán un beneficio directo una vez que se concluya la etapa de formación; incluso, de ser posible, que se puedan ver resultados a la par del proceso.
El fundamento de la motivación
Si hoy pensara en cursar un doctorado o iniciar un nuevo trayecto de aprendizaje en tecnología educativa, podría decir que lo hago por seguridad laboral o para incrementar mi valor profesional. Todas estas son razones válidas, pero no representan una verdadera conexión con las características personales de uno en relación al trabajo cotidiano. Es justo aquí, en las labores del día a día, de donde uno debe obtener los fundamentos de la motivación para aprender.
Hace años, cuando daba clases de inglés, me fue claro que mi interés real era la investigación y la preparación de docentes. Esa actividad resonaba con mi percepción de la inteligencia y mi vocación. Por ello, si me planteo un nuevo peldaño académico, mi razón debe ser específica: quizá abrir una puerta hacia la investigación educativa avanzada o adentrarme en la creación de sistemas de aprendizaje con IA. Estos son los verdaderos pilares; motivos que me emocionan de una manera personal y profunda.
Emoción frente a inercia
La respuesta a “¿por qué aprendes?” debe ser tal que uno se emocione genuinamente al pronunciarla. Cuando el propósito es claro, cada materia, cada lectura y cada participación adquiere un nuevo valor; todo se vuelve parte de una experiencia de aprendizaje que será aplicada de manera precisa en un futuro a corto plazo.
Por el contrario, lo que debemos evitar es “aprender por inercia”. Es posible que el simple hecho de adquirir información nueva nos entusiasme al principio, pero es poco probable que ese motivo soporte todas las dificultades que surgen en un proceso de largo aliento. Si no hay una carga emotiva real, es fácil que en pocos meses olvidemos el porqué, especialmente cuando el aprendizaje independiente requiere de una doble inversión de esfuerzo y sacrificio personal.
Antes de arrojar respuestas preprogramadas, tómate el tiempo para identificar los motivos precisos de tus labores actuales que se beneficiarán de tus nuevos conocimientos. Solo así se convertirán en la carga energética de tu motivación personal.
