Eduardo en un escritorio de madera rústica. Hay una libreta abierta. En sus páginas se observa texto escrito a mano, hay tachones y notas desordenadas, una taza de café a medio terminar y, en una esquina, una laptop vieja. La luz es cálida, de mañana, simbolizando el "reinicio".

Escritura rústica: El regreso tras 20 años de sombra académica

Empecemos …

Hola. Me llamo Eduardo y soy un bloguero empedernido que ha vivido con frustración de la escritura – es probablemente algo que dijera si estuviera en una sesión de Blogueros Anónimos. Sí. Es ese grupo de apoyo para personas que solían escribir de manera prolífica y que de repente desaparecieron del mapa.

Pareciera que fue apenas ayer que entre estudio, trabajo, recreación y descanso escribía de manera empedernida. Me era una necesidad. Reconozco que puede parecer trillado pero esa es mi verdad en este momento. Han tenido que pasar cerca de 20 años para regresar en la manera que regreso ahora. Mi ausencia no ha sido coincidencia; ha sido una bendición a la par de un maleficio.

Mi estándar de escritura

Es uno de esos casos en los que inadvertidamente la influencia de mi formación educativa tuvo un impacto contraproducente en mi producción. Recuerdo el tiempo, antes de maestría y licenciatura, en donde solía ser prolífico con mi escritura y proceso de aprendizaje. A raíz de aprender a escribir ensayos, reconocer la importancia de citar, validar lo que uno afirma y ser preciso y conciso con lo que uno dice en sus escritos, ahora contemplo que con el paso del tiempo mi estándar personal de escritura se fue elevando a un nivel que ni siquiera yo mismo podía alcanzar.

Por supuesto que he tenido muchas rachas en donde el trabajo ha abundado y en consecuencia el tiempo para escribir ha sido de poco a nulo. Creo que ese distanciamiento obligado también contribuyo a crear una concepción enaltecida de lo que a mi propio ver es lo que “debía hacer” cuando pretendía escribir y publicar un blog.

Tuvieron que pasar alrededor de 10 años en silencio para llegar a la posición en esta siguiente etapa de vida para recuperar mi sentido e impulso por bloguear y poner mi atención en lo que realmente es valioso.

Bloguear para aprender en público

Por lo regular sucede que el aprendizaje lo vemos como un proceso privado. Entiendo que se puede hacer el argumento para decir que es un proceso social, sobre todo si uno se apoya sobre teorías como la sociocultural y lo afirmado por Vygotsky. No es mi intención luchar en contra de estas ideas. Mejor, quiero reconocer que al final del día, cuando ya las luces del aula se han apagado y todos están en sus casa, quien debe afrontar el proceso de aprendizaje es uno mismo.

Las acciones que lleven a un aprendizaje son propiedad de uno mismo sin importar cómo se presenten. Por ejemplo, en forma de lectura, hacer una reflexión, ver algún video o cualquier otra forma de consumo de contenido que conlleva una práctica controlada o libre y enfocada a algún propósito.

El proceso interno, al final del día, es personal pero está en uno tener la certeza y la confianza de compartirlo con los demás. Al ser un proceso muy personal, entiendo que en general busquemos ser privados respecto a cómo se aprende y, ni se diga, los errores que uno comete una y más veces. ¡Qué pena! – es lo que seguramente muchos decimos cuando algún elemento del proceso interno de aprendizaje se filtra y alguien más puede ver esas vulnerabilidades e ideas en bruto que uno pueda tener. Es parte de ese estándar académico que tantos años me estuvo haciendo sombra.

La verdad es que además del conocimiento, el proceso de aprendizaje se debe compartir y, a mi manera de ver, debemos de dejar de ser sobreprotectores, no del proceso en sí sino, de uno mismo.

Hace mucho perdí la cuenta de las veces que le decía a mis alumnos a través de los años que era importante aceptar cometer errores. Que es justo de los errores que se cometen que emerge el aprendizaje. ¡Cuál ironía que luego sucedió que yo me vi afligido por precisamente lo mismo contra la que yo argumentaba!

Con este blog, y con mi nuevo y rejuvenecido interés, busco reactivar mi producción escrita con un agregado osado: llevar mi proceso de aprendizaje en público.

Siempre hay consideraciones al hacer cosas en público

Me percato que al abordar la idea de aprender en público se deben de aceptar algunas máximas.

  1. Estar bien con publicar ideas incompletas.
  2. Estar bien con publicar redacciones imperfectas.
  3. Estar bien con publicar ideas erróneas.
  4. Estar bien con recibir comentarios retadores.
  5. Estar bien con recibir comentarios de felicitación.

Seguramente habrá más a considerar pero, que no haga una revisión exhaustiva es justo el punto de todo esto.

Lo más importante es que el conocimiento se lograr mediante pequeñas piezas. Es darse la oportunidad de ir armando el rompecabezas poco a poco y a lo largo del tiempo. Una publicación incompleta puede no tener mucho sentido por sí sola. Por el contrario, una serie de publicaciones incompletas suman de manera holística un cúmulo de conocimiento y experiencia. Me parece que eso tiene un valor que se debe compartir.

Resulta que hasta los números dicen que es el mejor tiempo

En los primeros días de este año andaba circulando la nota de que es un año de reinicios porque el 2026 empieza en 1-1-1, que básicamente es tomar el día 1, el mes 1 y sumar los dígitos 2+0+2+6. Se afirma ser un año de reinicio, de nuevas energías.

Esta será mi excusa para retomar esta valiosa práctica de escribir en mi blog sobre una y todas las cosas que surjan.

El 2026 es el año de producir a través de mi blog rústico y artesanal sin importar cuan pequeña o grande sean las ideas.